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San Pedro de
Macorís.- Una tarde de noviembre de 1909 descendió de un buque de pasajeros, en el
puerto de esta ciudad, un extraño personaje vestido de traje blanco y
sombrero de fieltro.
Venía acompañado de una muchacha mulata, en la mano derecha llevaba una
alforja de cuero en la que guardaba toda su fortuna, y en el corazón un
vendaval de ilusiones.
Era el joven militar del Ejército de Prusia Carl Theodor Konrad Ludwig
Georg (o George), quien venía en una aventura por el Trópico en busca de
aire fresco para mejorar sus problemas de salud.
Tenía apenas 24 años y quería comenzar una nueva vida, lejos del azaroso
designio que le esperaba a Europa, pues sólo cinco años más tarde, el 28 de
junio de 1914, un fanático serbio asesinaría en Sarajevo al archiduque de
Austria Francisco Fernando, y unos días después el viejo mundo ardería en
guerra.
San Pedro de Macorís era entonces una ciudad que comenzaba a convertirse
en el epicentro de lo que sería la gran industria azucarera.
Georg nació en Biebrich del Rhein, Alemania, el 23 de enero de 1884.
A su llegada a esta ciudad, el joven Theodor Georg se instaló en la comunidad de El Soco, cerca de
San Pedro de Macorís,
donde compró tierras y fundó una colonia de caña.
Como había estudiado medicina en la ciudad de Bonn, instaló una clínica
para atender a los trabajadores de la colonia con la asistencia de médicos
de la localidad. Se iniciaba así una larga cruzada social al servicio de
los sectores más necesitados, en la que Theodor Georg mostró una
filantropía que pudo sobreponerse a todas las conjeturas negativas que
sobre él se tejieron para sentarlo ante el tribunal de la historia.
Al servicio de los
pobres
Carl Theodor Georg se vio pronto atraído por la medicina y concibió el
proyecto de instalar un hospital para dar atenciones a las personas de
escasos recursos económicos de la región. Compró los terrenos donde
funcionaba el Hospicio San Antonio y allí construyó el hospital que una vez
llevó su nombre.
Fue el más grande centro asistencial del país, con
capacidad de 750 camas.El hospital Carl Theodor Georg cobró fama, no sólo por la calidad de sus
médicos sino porque allí se formaron los primeros especialistas del país.
Explica el doctor Gaspar Polanco Florentino, quien fuera asistente del
doctor Georg, que el filántropo alemán tuvo la visión de traer médicos
extranjeros para formar en el país a los especialistas que servirían en las
diversas áreas de la medicina.
El 17 de febrero de 1960, el Congreso Nacional decidió, mediante Ley
número 5309, ponerle su nombre al Hospital que él había fundado, seis años
antes de que él falleciera. |