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No lo voy a negar, pero en mis años de juventud no hice
más que seguir, entre otros, a los Guaraguaos, a Silvio
Rodríguez y a los compueblanos Sonia y Víctor.
En aquella época, los temas de discusión en las esquinas
se alternaban entre Baseball y la necesidad de una
revolución que salvara al país de los ineptos y
sanguinarios que la dirigían.
Leíamos, entre líneas, los periódicos nacionales y
esperábamos con ansias la llegada del Vespertino la
Noticia.
Hablábamos de de las mil y una forma de “tumbar a
Balaguer”, de cómo resolver los problemas de la nación,
de los malditos chivatos, de traidores y hasta de
imperialismo.
Las noches más excitantes ocurrían cuando el tema de
discusión se centraba en los abusos del Jefe de la
Policía, Enrique Pérez y Pérez, de Ney Rafael Nivar
Seijas o del propio Balaguer.
Estos temas se tornaban aun mas interesantes y
“peligrosos” cuando al grupo se acercaba uno de los
reconocidos “comunistas” del barrio.
Me acuerdo que asignábamos a uno de los muchachos para
que tratara de identificar los vehículos que se
aproximaban o algún peatón desconocido.
“Cepillo” era la clave que indicaba que teníamos que
cambiar el tema de política baseball.
La mayoría de las veces el “Cepillo” reducía la
velocidad al tomar la esquina, pero continuaba su marcha
hacia Pastor, lo que nos permitía terminar con nuestro
tema.
Sin embargo, cuando los agentes de SIN decidían parar y
hacer algunas preguntas todos cambiábamos de color.
“¿Utede no saben que etá prohibido juntarse en grupo
depue de la 10?” Nos preguntaba el raso, mientras miraba
hacia el volkswagen como buscando apoyo del que
comandaba la unidad.
El encuentro terminaba con la orden de romper el grupo y
con las usuales amenazas.
Lo mejor sucedía al día siguiente cuando volvíamos a
reunirnos debajo del mismo poste de alumbrado.
Allí tratábamos como héroes a los que se atrevieron a
responderle, en forma desafiante, a los miembros del
aparato militar del régimen y nos reíamos hasta mas no
poder cuando uno de los muchachos, haciendo uso de
vocablos desconocidos por los policías, se mofaba o los
insultaba con altura. |