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Diarionoticia.com | Sección de Opinión
 Disminuyen las vocaciones de ministros cristianos (Parte I)
12 de Abril 2008
Por Telésforo Isaac / diarionoticia.com

En la gran mayoría de las iglesias consideradas históricas, el número de las vocaciones al ministerio ordenado y de vida religiosa, han disminuido. En países como España, Italia y los Estados Unidos, de donde provenían numerosas vocaciones, los seminarios, monasterios y conventos son ahora, en muchos casos, tristes elefantes blancos. Grandes edificaciones de antaño tienen pocos estudiantes o vocaciones religiosas. Estos gigantescos edificios son usados, cuando es posible, como casas de retiros, centro de convenciones, hospitales, hoteles, museos, etc. No hay vocaciones para llenar el cupo de estas grandes residencias religiosas construidas por generaciones pasadas.

El Dr. Michael Ramsey (1904-1988), anterior Arzobispo de Cantórbery (1961), ha dicho que: “En años recientes ha habido un aumento y bien recibido énfasis sobre el ministerio del laicado y sobre el papel del sacerdote estimulando el ministerio laical. Al mismo tiempo ha habido un resurgimiento de interés en la teología del sacerdote con una visión del ministerio en relación al sacerdocio de Cristo y el sacerdocio de toda la Iglesia” (The Christian Priest Today, SPCK, p. IX, 1988).

Ya a principios de la década de 1960, la Iglesia Católica Romana vio la necesidad de hacer un análisis científico y una reflexión teológica de la situación existencial del mundo donde ministra la fe cristiana. Atendiendo a esta urgencia, el CONCILIO VATICANO II preparó y emitió un documento teológico-pastoral en el cual fundamentó los principios sobre los cuales la institución eclesial se basaría para fijar imperativos y programas de acción pastoral. Se comprendió que había que hacer esto, porque la sociedad rompía los moldes arcaicos y desafiaba las estructuras tradicionales del cristianismo organizado.

Entre otras cosas, el documento dice: “El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados que progresivamente se extienden al mundo entero… Tanto es así, que se puede hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural que redunda también sobre la vida religiosa”. (Gaudium et Spes, N-4, Concilio Vaticano II)

Con este documento hecho y divulgado, los conciliares hacen una reflexión teológica-pastoral, para formular que su iglesia sea lo más congruente posible con el momento actual y que los encargados de fomentar las vocaciones tomen conciencia de la transformación de la sociedad para poner en vigencia nuevos programas para estimular y preparar adecuadamente a los llamados para servir como sacerdotes y/o religiosos(as).

Las razones para la disminución de los que tienen una vocación cristiana son múltiples y a veces muy complejas y pueden crear ansiedades muy serias en las vocaciones de nuestros días y aún más confusión y desagrado en las comunidades de fe.

La multiplicidad en áreas de servicio puede provocar tensiones conflictivas en la conciencia del cristiano comprometido, pues por un lado cree haber sido llamado para orar, predicar, aconsejar, la cura del alma, pastorear, evangelizar y celebrar la Eucaristía; pero por otro lado, siente la inclinación de ser agente de servicio para dirigir programas de mejoramiento social, considerando que esto es propio de la vocación cristiana y pueden surgir tensiones entre el ministerio pastoral-sacerdotal y la diaconía.

Sin duda alguna, se necesitan las dos dimensiones de la vocación, o sea, el ministerio en sus varias facetas; pero la posibilidad de cumplir fiel y cabalmente con las funciones o las tendencias de inclinarse a un lado crea incertidumbre o dicotomía en la personalidad. Ante esto, el mismo individuo o la congregación que pastorea sufre malestar que debilita la tradicional expectativa de compromiso del fiel y dedicado pastor y la separación para el servicio o diaconía al pueblo.

Ante la verdad arriba señalada, las vocaciones deben ser encaminadas hacia actividades y compromisos especializados. La complejidad del mundo actual exige que las profesiones y las actividades humanas sean particularizadas y en un campo lo mejor definido para mayor efectividad. El ministerio cristiano no escapa a esta categorización y por tanto, las vocaciones deben ser estimuladas y encaminadas a comprometerse en un área limitada, para servir mejor a Dios y a su pueblo con mayor efectividad.

 
 

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