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En
la gran mayoría de las iglesias consideradas históricas,
el número de las vocaciones al ministerio ordenado y de
vida religiosa, han disminuido. En países como España,
Italia y los Estados Unidos, de donde provenían
numerosas vocaciones, los seminarios, monasterios y
conventos son ahora, en muchos casos, tristes elefantes
blancos. Grandes edificaciones de antaño tienen pocos
estudiantes o vocaciones religiosas. Estos gigantescos
edificios son usados, cuando es posible, como casas de
retiros, centro de convenciones, hospitales, hoteles,
museos, etc. No hay vocaciones para llenar el cupo de
estas grandes residencias religiosas construidas por
generaciones pasadas.
El Dr. Michael Ramsey (1904-1988), anterior Arzobispo de
Cantórbery (1961), ha dicho que: “En años recientes ha
habido un aumento y bien recibido énfasis sobre el
ministerio del laicado y sobre el papel del sacerdote
estimulando el ministerio laical. Al mismo tiempo ha
habido un resurgimiento de interés en la teología del
sacerdote con una visión del ministerio en relación al
sacerdocio de Cristo y el sacerdocio de toda la Iglesia”
(The Christian Priest Today, SPCK, p. IX, 1988).
Ya a principios de la década de 1960, la Iglesia
Católica Romana vio la necesidad de hacer un análisis
científico y una reflexión teológica de la situación
existencial del mundo donde ministra la fe cristiana.
Atendiendo a esta urgencia, el CONCILIO VATICANO II
preparó y emitió un documento teológico-pastoral en el
cual fundamentó los principios sobre los cuales la
institución eclesial se basaría para fijar imperativos y
programas de acción pastoral. Se comprendió que había
que hacer esto, porque la sociedad rompía los moldes
arcaicos y desafiaba las estructuras tradicionales del
cristianismo organizado.
Entre otras cosas, el documento dice: “El género humano
se halla en un período nuevo de su historia,
caracterizado por cambios profundos y acelerados que
progresivamente se extienden al mundo entero… Tanto es
así, que se puede hablar de una verdadera metamorfosis
social y cultural que redunda también sobre la vida
religiosa”. (Gaudium et Spes, N-4, Concilio Vaticano II)
Con este documento hecho y divulgado, los conciliares
hacen una reflexión teológica-pastoral, para formular
que su iglesia sea lo más congruente posible con el
momento actual y que los encargados de fomentar las
vocaciones tomen conciencia de la transformación de la
sociedad para poner en vigencia nuevos programas para
estimular y preparar adecuadamente a los llamados para
servir como sacerdotes y/o religiosos(as).
Las razones para la disminución de los que tienen una
vocación cristiana son múltiples y a veces muy complejas
y pueden crear ansiedades muy serias en las vocaciones
de nuestros días y aún más confusión y desagrado en las
comunidades de fe.
La multiplicidad en áreas de servicio puede provocar
tensiones conflictivas en la conciencia del cristiano
comprometido, pues por un lado cree haber sido llamado
para orar, predicar, aconsejar, la cura del alma,
pastorear, evangelizar y celebrar la Eucaristía; pero
por otro lado, siente la inclinación de ser agente de
servicio para dirigir programas de mejoramiento social,
considerando que esto es propio de la vocación cristiana
y pueden surgir tensiones entre el ministerio
pastoral-sacerdotal y la diaconía.
Sin duda alguna, se necesitan las dos dimensiones de la
vocación, o sea, el ministerio en sus varias facetas;
pero la posibilidad de cumplir fiel y cabalmente con las
funciones o las tendencias de inclinarse a un lado crea
incertidumbre o dicotomía en la personalidad. Ante esto,
el mismo individuo o la congregación que pastorea sufre
malestar que debilita la tradicional expectativa de
compromiso del fiel y dedicado pastor y la separación
para el servicio o diaconía al pueblo.
Ante la verdad arriba señalada, las vocaciones deben ser
encaminadas hacia actividades y compromisos
especializados. La complejidad del mundo actual exige
que las profesiones y las actividades humanas sean
particularizadas y en un campo lo mejor definido para
mayor efectividad. El ministerio cristiano no escapa a
esta categorización y por tanto, las vocaciones deben
ser estimuladas y encaminadas a comprometerse en un área
limitada, para servir mejor a Dios y a su pueblo con
mayor efectividad. |