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La
disminución de las vocaciones de ministros cristianos se
debe a un sinnúmero de razones entre las que se pueden
señalar algunas variables:
En generaciones pasadas el ministro ordenado era un “sabelotodo”,
era el intelectual con excelente preparación académica y
de amplio acervo cultural. Generalmente el clérigo
estaba por encima del ciudadano común en cuanto a
desarrollo intelectual. Actualmente, en la mayoría de
nuestras sociedades, hay un creciente número de hombres
y mujeres que tienen preparación académica,
conocimientos y experiencia muy por encima del pastor o
del sacerdote. El ministro debe ser pues, un
especialista en asuntos bíblicos, teológicos y
pastorales, o dedicarse al servicio social en forma
determinante sin menguar la dimensión espiritual.
Anteriormente el ministro ordenado era punto de
referencia, consultor preferible, consejero de confianza,
la cura del alma y representante o vicario de la
jerarquía eclesial. Por ende era visto y tenido como una
figura simbólica de la Divinidad en la comunidad. La
mayoría de estas funciones o imágenes han desaparecido o
no tienen la efectividad de antaño. Estos servicios o
ministerios están a cargo de sociólogos, psicólogos,
trabajadores sociales, etc. El conocimiento general de
las ciencias o el alcance de la tecnología; en fin el
desarrollo intelectual de la población, ha hecho
desaparecer en gran parte el puesto tradicional del
ministro ordenado en la sociedad.
Ante la disminución o cambio del papel antiguo del clero
en la sociedad, y al aparecer una diversidad de
servicios opcionales que se ofrecen como alternativas
del ministerio pastoral-sacerdotal, se crea en muchas
vocaciones un estado de inseguridad, o un sentido de
culpabilidad que hace cuestionar la validez del llamado.
Hay otras influencias o cambios del antiguo papel del
clero en la sociedad, por lo que hay otros aspectos a
tomar en cuenta que aún no se han mencionado. Entre
estos podemos citar el ataque continuo y a veces
violento del anticlericalismo: los pasatiempos del mundo
de los espectáculos y actividades seculares que sirven
de medios de atracción y tentación. Hay también una
variedad de carreras en las ramas de las humanidades y
las ciencias sociales que captan la atención de las
personas que tienden a servir a Dios y a la humanidad.
El Canónigo Don José Sánchez Baquero, Director de la
Asociación Ecuménica Juan XXIII, de la Universidad
Pontificia de Salamanca, ha dicho que “las únicas
congregaciones religiosas que no han sido contaminadas
por el secularismo y la modernización de esta época son
las monjas de clausura”. (Conferencia para Pastores y
Estudiantes de Europa, septiembre de 1988, Salamanca).
Con esto, el destacado erudito dice que las ordenes
religiosas, el clero secular y las instituciones
eclesiales a todos los niveles han sufrido cambios en
sus funciones y naturaleza en forma marcada y permanente.
Por otra parte, no debemos pasar por alto el
cuestionamiento y continuo ataque a la vocación
tradicional de parte de grupos pietistas,
fundamentalistas, humanistas y marxistas. Muchas veces
éstos hostigan a las vocaciones de compromiso cristiano
y menosprecian su labor en la sociedad contemporánea. |