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Diarionoticia.com | Sección de Opinión
 La liberación religiosa afecta las vocaciones (Parte III)
27 de Abril 2008
Por Telésforo Isaac / diarionoticia.com

La liberación de las exigencias de los principios morales, las tradiciones, la ortodoxia y la estructura vertical eclesial afectan las vocaciones. Esto es así porque disminuyen la llamada de Dios y la respuesta de los seres humanos con vocación al ministerio cristiano en las iglesias históricas.

Lo anterior dicho es un aspecto creciente que sirve para desmoralizar algunas vocaciones porque causa confusión la democratización en las iglesias. Para muchos religiosos y cristianos comprometidos la posibilidad de equilibrar fe y razonamiento en su relación con Dios y el prójimo, es algo nuevo y atentatorio a su estabilidad emocional.

El concepto de democracia y liberación religiosa implica mayor toma de responsabilidad. Siendo esto algo reciente para muchos ibero-americanos les provoca perplejidad al verse desprovistos de la autoridad vertical y la férrea disciplina impuesta a la que estaban acostumbrados. Muchos no saben como manejarse en un organismo de corte democrático. Se crea pues, un sentido de vacío a falta de dirección centralizada y hace que el comportamiento de algunas vocaciones sea como el de un adolescente mal adaptado. En consecuencia, se da por resultado: una vida frustrada, desencanto de la vocación y en ocasiones, la pérdida de la fe y el abandono de las funciones ministeriales. Esto puede ser así, porque como se ha dicho en el juego de tenis: “no puedes ganar si no sirves bien”.

Al hablar de vocaciones, no debemos dejar de analizar y mencionar a los grupos fundamentalistas y sectarios. Muchos de estos grupos, mantienen una disciplina rígida, autoritaria e inflexible. Muchas personas se unen a estos grupos porque consciente o inconscientemente se adaptan a las normas estrictas para encausar sus pensamientos y su conducta de vida.

Se ha venido argumentando que personas de escasos recursos materiales e intelectuales se cobijan más fácilmente en grupos de estricta observancia religiosa y de culto emotivo. Esto lo hacían talvez como compensación por su falta de bienestar social, y sus escasas facultades intelectuales y emocionales. Esta modalidad está cambiando y hay formas renovadas dentro de algunos de estos grupos religiosos, porque sus características están cambiando debido a que los miembros y especialmente los ministros son mejores educados en nuestros días.

Algunos dirigentes de movimientos o iglesias conservadoras y fundamentalistas, ejercen su liderazgo amparados en una situación de temor-disciplina-exigencia–emotividad o de simbolismo mediante imágenes y ceremonias que a veces rayan con la superstición y la bibliolatría. Muchos de los fieles fundamentalistas siguen un patrón como se ha venido haciendo en la tradicional fe o práctica por siglos en la iglesia de tradición tridentina. Estos creyentes de las iglesias emergentes han suplementado rituales, apasionamiento al pastor o religioso, la veneración de los santos y las supersticiones del pasado medieval y en estos lugares se aferran a la bibliolatría y las exaltaciones emocionales. Anteriormente se decía: “la Iglesia dice”. Ahora estos hermanos(as) dicen: “la Biblia dice”, o “el pastor determinó esto o aquello”. Este ejemplo se percibe, se acepta y se lleva a cabo en lugar de la jerarquía eclesial o el Magisterio del Vaticano.

El hombre o la mujer de vocación religiosa, pastoral o sacerdotal en este tiempo, debe tener bien claro lo que quiere ser, cómo lo puede hacer, y sobre todo, quién es y cuál es su relación con Dios, con el prójimo y consigo mismo.

Además de su lealtad a la iglesia institucional y de su compromiso con la comunidad de fe, la persona debe tener plena convicción de que su vocación es una respuesta de su amor a Dios y que no busca su propia gloria o mezquina autorrealización, sino una identificación con el Cristo: “servir y no ser servido”. “La mejor forma de auto-realizarse es sirviendo a los demás, pues la alegría comienza en el mismo instante en que tú cesas en la búsqueda de tu propia felicidad para procurar la de los otros”. (La Alegría… M-12, Prodeco, Barcelona ).

Las vocaciones deben estar revestidas de humildad, y emocionalmente equilibradas para lidiar con las contradicciones del mundo. Deben estar espiritualmente fortalecidas para rechazar las tentaciones e intelectualmente alerta para desempeñar su función con aceptable efectividad. Debe tener conciencia social para mantener buenas relaciones con pobres y ricos, con débiles y fuertes, con jóvenes y viejos.

El que sirve a Dios y a su Iglesia, debe tener las condiciones y la voluntad para dialogar, razonar y convencer a creyentes e incrédulos. Sobre todo debe ser asiduo lector de las Sagradas Escrituras y de profunda devoción mediante la oración y la frecuente comunión.
 

 
 

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