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Estamos
en la ruta crítica con miras a las elecciones del
próximo 16 de mayo y es precisamente en esta etapa de la
campaña política, donde se comienza a caldear la
situación.
En los últimos 12 años en la República Dominicana hemos
observado cambios importantes tanto en las campañas
políticas, como en la celebración de las elecciones con
toda la logística que esto conlleva.
Recordemos los tiempos de las cadenas de radio y
televisión obligatorias con la Junta Central Electoral,
las amenazas a comunicadores y políticos, la incursión
de militares en labores proselitistas, los primeros
boletines 24 horas después de cerrados los centros de
votación, los guardias con las urnas y muchas otras
situaciones que han desaparecido y que esperamos jamás
vuelvan a repetirse.
En honor a la verdad, no podemos decir que no existen
problemas en el escenario de las campañas políticas,
pero hemos avanzado y eso es notorio.
Tanto ha sido este avance, que en las elecciones
presidenciales del 2004, en tiempo record para nuestro
país, el perdedor admitió su derrota.
Ahora en lo que nos falta transitar por nuevos senderos
es en lo referente al manejo de recursos estatales de
manera atropellante en contra de quienes compiten en la
oposición. Hay que regular los espacios para la
promoción política para que los partidos grandes y los
pequeños, encuentren igualdad de condiciones de su
publicidad en vías públicas y en los medios de
comunicación.
Hay que garantizarle a todos los partidos con calidad
para terciar en las elecciones ya sean congresuales o
municipales, la posibilidad de poder hacer llegar sus
propuestas a los electores sin el temor de que el pez
grande se trague al mas pequeño.
Equidad en la participación pública, control absoluto
del gasto del gobierno en tiempos de campaña, reglas
claras para diferenciar lo que es obligación de estado y
lo que es actividad de campaña, colocarle tope al gasto
publicitario de campaña política y a las donaciones del
sector privado, legislar para desistimular el
transfuguismo en los meses previos a las elecciones ya
sean presidenciales, congresuales o municipales.
Estos pasos nos pudieran permitir asistir a procesos de
campañas y elecciones, con mayor transparencia y
tranquilidad. Encaminándonos cada día mas, a un
escenario que propicie igualdad de condiciones en la
participación, de género y donde un pobre con capacidad,
tenga la misma oportunidad de ocupar una posición
electiva pública al igual que un rico.
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