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Lograr
un mundo mejor es una aspiración colectiva. Todos,
alguna vez hemos expresado que queremos un mundo mejor.
Pero, para lograr eso se necesitan tantas y tantas cosas,
se deben dar tantas condiciones que cualquiera pierde la
fe. Sin embargo, a veces se dan situaciones que nos
llevan a la creencia de que siempre es posible soñar y
hacer de esos sueños una meta que nos conduzcan al
objetivo de lograr un mundo mejor.
La meta de obtener un mundo mejor es algo tan perentorio
y de tanta importancia que, las mentes más brillantes
del planeta Tierra, reunidas en la ONU en septiembre del
2000, en la Cumbre el Milenio, propusieron un reto:
lograr un mundo mejor para todos en el año 2015. Para
ello, se fijaron 8 (ocho) objetivos en los que los 192
estados miembros de dicho organismo se hacían
compromisarios de la obtención de estas metas, las
cuales se denominaron LA META DEL MILENIO.
Los objetivos de desarrollo internacional se refieren al
más apremiante de los anhelos humanos: un mundo sin
pobreza y libre de la aflicción que ésta genera.
Los objetivos fijados, son cuantitativos y se describen
en parte con palabras e imágenes, pero sobre todo con
cifras y gráficos. Se supone que, de lograrse estas
metas…lograremos un mundo mejor. Dichas metas son:
1- Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
2- Lograr la enseñanza primaria universal.
3- Promover la equidad de género y lograr la autonomía
de la mujer.
4- Reducir la mortalidad de los niños menores de cinco
años.
5- Mejorar la salud materna.
6- Combatir el VIH-Sida, el paludismo y otras
enfermedades.
7- Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
8- Fomentar una alianza mundial para el desarrollo.
Si conseguidas estas metas, conseguiremos un mundo mejor,
es algo que está aun por verse, pero es casi seguro que
sí. No obstante, creo firmemente que en la manera en que
queremos que cambie el mundo para mejor, en esa misma
medida debemos de cambiar nosotros, en esa misma forma
debemos de tratar de ser parte de esa realidad de cambio
para bien.
Soy fiel creyente de la máxima de “Cambia tú y el mundo
cambiará contigo”. En la medida en que queramos un mundo
mejor, en esa misma circunstancia debemos aportar con
nuestro ejemplo de vida en la dirección correcta del
cambio esperado.
Aunado a todas estas metas del milenio, yo, humildemente
creo que, para lograr un mudo mejor es imprescindible la
paz. La paz que viene del amor, ya que, el amor lo puede
todo. Es de todos sabido, que para que las cosas sucedan,
es menester una gran dosis de voluntad política y…..ahí
es donde la “puerca retuerce el rabo” :que difícil es
llevar el amor al plano político y, mucho más difícil
es, llevarlo al plano de la relaciones internacionales.
Dije “difícil”, no imposible. Ya que, si actuamos de
manera correcta, si hacemos lo que tenemos que hacer y
ponemos fe y empeño en ello…. es posible lograr la paz.
Hace unos días, Nuestro país fue sede de la Cumbre de
Río. La fecha de esta cumbre llegó y se efectuó en el
momento mas critico de las relaciones entre los hermanos
pueblos de Venezuela, Colombia, Ecuador y Nicaragua.
Voces agoreras presagiaban una batalla campal. Algunos
medios dominicanos y del exterior presagiaban una
verdadera tormenta, un enfrentamiento visceral entre los
presidentes de esos países. Y, dada lo tirante de la
situación, estos presagios no parecían exagerados. La
conducta verbal de los involucrados hacia temer lo peor.
Los malos resultados de la reunión de la OEA hacían
prever la hecatombe.
Pero no, pudo más la sensatez y el amor a sus pueblos.
Los presidentes, sin renunciar a sus derechos, sin dejar
de defender sus puntos de vistas, lograron el acuerdo
anhelado y sobre todo, acordaron trillar el camino de la
paz, la negociación y el respeto a la auto-determinación
de los pueblos. Ese y no otro es el camino que nos
conviene a todos, que le conviene a nuestra América
Latina, a sus pueblos, a sus gobiernos.
Pero, de esta experiencia debemos sacar conclusiones más
duraderas, más acorde con nuestros intereses, con
nuestras realidades. Tiene carácter de urgencia que
América Latina empiece a actuar como bloque, que haga
respetar sus derechos, crecer sus potencialidades,
actuando de manera conjunta en los escenarios
internacionales. Debemos aprender de la
experiencia europea, asiática, y de todos los bloque
comerciales exitosos que conoce el mundo de hoy.
Todo lo anterior viene a cuenta, por ser nosotros el
escenario utilizado para acallar los tambores de la
guerra que retumbaban en las fronteras
colombo-venezolana y colombo-ecuatoriana. Viene a
colación, también, por el papel jugado por nuestro
presidente el Dr. Leonel Fernández, quien agregó a su ya
consabida capacidad política, don de gobernante, y
estatura de gran estadista, la de gran componedor
diplomático.
Como dominicano, como peledeísta y como funcionario de
este gobierno, me siento cada vez más orgulloso de
nuestro presidente, y creo que ese es el sentir de la
mayoría de los dominicanos. Sobre todo, los que viven en
el exterior, los cuales, hace apenas 4 años tenían que
bajar la cabeza cuando los demás se reían en su cara de
ciertas cosas que pasaban en nuestro país.
(El autor es Lic. en Ecuación, con especialidad en
Gestión Escolar y Cónsul dominicano en La Florida). |